
Sexóloga y Psicóloga de la Universidad de
Buenos Aires
Estudios especializados en clínica sexológica
(C.E.T.I.S.). Dos diplomaturas universitarias en salud sexual (U.A.I.).
Sexóloga acreditada y miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana. Coach sexual (I.C.P.).
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(54-11) 4791-9781 / 15-5958-1111 - Lic. Celia Laniado (UBA) - Buenos Aires, Argentina |
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Por primera vez en la historia de la humanidad, el matrimonio o la pareja que
decida compartir sus vidas en forma estable y por toda la vida, deberá
enfrentar una serie de variables dependientes e independientes que podrán a
prueba sus mejores intenciones . Si el matrimonio es ahora por elección, ésta
debe renovarse de forma permanente, casi se podría decir que cada día. Y en
esa elección debe entrar necesariamente el amor, ese amor romántico alimentado
no sólo en el ensueño de la fantasía, sino también en la dosis de erotismo que
posibilite una sexualidad placentera.
La mujer ha ganado espacios impensados en materia de conocimiento, necesidades
y exigencias sexuales, creando las bases de los nuevos paradigmas de la
conyugalidad. Las parejas deberán aprender a convivir largos años juntos, la
esperanza de vida les depara por lo menos una media de 35 años de vida en
común, donde el ejercicio de la sexo genitalidad placentera constituye un
ideal que no se sabe si se puede alcanzar, pero que no obstante se desea. A lo
largo de todos esos años la mayor parte de la actividad sexo genital habrá
sido ejercida sin fines reproductivos. Muy pocos habrán sido los coitos que se
realizaron con esa intención.
El primer informe oficial sobre actividad sexual, elaborado por la
Organización Mundial de la Salud y publicado en conmemoración del vigésimo
aniversario de su programa de reproducción humana, constata que diariamente
100 millones de parejas en todo el mundo tienen relaciones sexuales. Según
este informe, como consecuencia de las mismas se producen 910 mil nacimientos,
de los cuales solamente la mitad de ellos fueron gestaciones deseadas. Es
decir que solamente el 0.5% fueron coitos realizados con intencionalidad
reproductiva; el 99.5 % restante fueron encuentros comunicacionales, eróticos
y placenteros. En el ámbito micro social, se estima que una persona puede
tener entre 3.000 y 5.000 relaciones coitales a lo largo de su vida. El número
medio de hijos resultante de esas relaciones es de apenas 3.9 a nivel mundial,
observándose marcadas diferencias entre los países y aún entre las regiones de
un mismo país ( 2.8 hijos en nuestro país). Esto demuestra que, desde el punto
de vista estadístico, es despreciable el número de veces que el ejercicio de
la sexo-genitalidad resulta en reproducción. Muchas consideraciones pueden ser
hechas al respecto, alegando, por ejemplo, las veces que se practica el coito
con intención reproductiva hasta que ésta se concrete, la intención o no de
embarazarse, el uso de algún método preventivo del embarazo, las relaciones
coitales mantenidas durante el embarazo o en el período infértil. Ningún
análisis o ejemplo cambia sustancialmente la relación señalada. Esto muestra
que las viejas prácticas coitales con fines reproductivos, que por lo general
terminaban con la menopausia, han cambiado. La menopausia ya no es la "línea
final" de la actividad sexo genital, sino que, por el contrario, la mujer
redescubre sus posibilidades eróticas y quiere seguir disfrutando de los
coitos placenteros a los que se fue acostumbrando.
Pero para llegar a tantos años de convivencia habrán debido sortear una serie
de situaciones peligrosas que la vida moderna les ha puesto en el camino. La
mayoría de los matrimonios constituidos en los últimos 20 años lo han sido con
base a la experiencia ganada a través de una sexualidad juvenil libre y
desprejuiciada, que les ha posibilitado, mediante el ejercicio de la monogamia
secuencial, conocer distintos compañeros/as y elegir aquel/lla que más se
acerque a su ideal. Si el ideal no se alcanza, después de un período
prudencial, ambos miembros de la pareja estarán en disposición de entrar en el
conocido, y aceptado, mundo de los amantes. No podemos determinar con
exactitud cuál sería el "período prudencial" pero por las respuestas de las
personas que hemos entrevistado, ambos miembros de la pareja están en
disposición de "probar o atreverse a una relación paralela, alrededor de los 4
o 5 años de casados, manifestando el varón la posibilidad de hacerlo antes que
la mujer.
La costumbre de haber practicado el sexo sin la contención del entorno
familiar los ha estado preparando para que llegado el momento en que la
sexualidad, o el compartir otro tipo de intimidad, no sea satisfecha dentro de
la "familia", se buscará la satisfacción afuera. La sociedad, que antes fue
benévola sólo con el varón, ya no castigará a ninguno de los dos miembros que
se decida hacerlo. Si la vida dentro de la pareja se hace insostenible, la
democracia que impera dentro del hogar permitirá que ambos digan lo que tengan
que decir y recurrirán al divorcio, que es la posibilidad de elegir nuevamente
sin verse forzado a reelegir siempre al mismo "candidato".
Utilizar las pautas de conyugalidad tradicionales para "contener" los
matrimonios actuales, es como querer poner vino nuevo en odres viejos: la
fuerza de lo nuevo lo hará estallar, no lo podrá contener y esa ruptura hará
que se ocasionen severas pérdidas. Es mejor usar odres nuevos para el vino
nuevo. Se hace entonces necesario definir los paradigmas de la conyugalidad
para el nuevo siglo.
Por Luis María Aller Atucha*
" El autor es Licenciado en Comunicación Social
con Pos grado en Sociología para el Desarrollo. En la actualidad es el
Presidente de la Asociación Argentina de Sexología y Educación Sexual.
" El abordaje de este tema forma parte de los contenidos del libro: "Nosotros
los infieles: el matrimonio y sus permisos en el siglo XXI" de editorial MPS.
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